Artur Dzhavanyan invitó a un amigo a beber en su casa. En un momento dado, le dijo a su compañero de copas que estaba harto de escucharlo quejarse y se fue a dormir. Se despertó en el medio de la noche con una tremenda jaqueca que adjudicó al exceso de alcohol. Fue al baño a tomar un vaso de agua y descubrió que tenía clavado un cuchillo en la cara, justo debajo de un ojo.
Ante semejante espectáculo -propio de la más espantosa escena de terror- entró en pánico y corrió a la casa de un vecino y allí pidieron una ambulancia. Fue llevado al hospital más cercano, en la región de Voronezh, donde le quitaron el cuchillo de cocina en una intervención que duró cuarenta minutos. El cirujano Viktor Tolstenko explicó que Dzhavanyan tuvo una suerte inexplicable. "Si el cuchillo hubiera rozado el ojo o sus nervios faciales las consecuencias hubieran sido trágicas". A pesar de que el cubierto penetró diez centímetros a través del hueso del pómulo la única consecuencia del ataque es una pequeña cicatriz.
La policía informó que el cuchillo estaba lleno de las huellas dactilares del amigo pero Dzhavanyan se negó a levantar cargos. Dijo que le alcanzaba con estar vivo. |