Eliza Barbu, una señora de 70 años, habitante de Focsani, Rumania, comentó que un par de años atrás, su marido, Mircea, había comenzado a arrojarle restos de comida a un par de perros de la calle que se acercaban a su hogar.
Sin embargo, actualmente, su esposo alimenta a una jauría de 20 perros, tres veces por día, agotando todo el alimento disponible en la casa.
"No puedo aceptar el hecho de que estemos muriendo de hambre mientras él gasta toda nuestra jubilación para alimentar a cualquier perro que se acerque. Más y más perros vienen cada semana", comentó exaltada la señora Barbu.
"Es absolutamente inaceptable. De hecho, es tan inaceptable, que me obliga a terminar fácilmente con un matrimonio de 50 años", agregó la señora.
Las ciudades rumanas han experimentado varios inconvenientes a causa de manadas de perros salvajes, ya que el lider comunista Nicolae Ceausescu, acérrimo defensor de los animales, prohibió su matanza. |