Geremino Ranallo y Warren Jacoby, de 65 y 50 años respectivamente, decidieron volver a la niñez y hacer una travesura. Para la concreción de su fechoría eligieron un supermercado de la ruta 57 en Washington y se armaron con un aerosol que lo inunda todo con un penetrante olor a pedo. "Olía como si alguien hubiera lanzado un flato realmente oloroso" sostuvo Brian Lee, un testigo de dieciocho años que estuvo en la escena del crimen.
Según los empleados de la tienda el olor a huevo podrido era tan fuerte que los clientes empezaron a retirarse sin efectuar sus compras. Los encargados del mantenimiento del local fueron en busca de desodorante de ambiente para disimular un poco el aroma. Mientras tanto, Ranallo y Jacoby se destornillaban de risa.
Ahora el chiste se les tornó desagrable. Además de la multa mencionada, el juez les exige elegir entre 90 días de trabajo comunitario o 30 en prisión. |