Los familiares y amigos de Marc Marchal de Rochefort, Bélgica, presentaron una demanda en contra de los enterradores ya que, en la capilla, mientras se despedían de él empezó a sonar un teléfono celular que estaba dentro del ataúd.
El hombre, de 32 años, murió en un accidente, cuando su moto se estrelló contra un tractor en la ruta que une Rochefort con Saint Hubert. Dado que el cuerpo fue severamente dañado, el enterrador sugirió a la familia que se despidieran del joven con el ataúd ya cerrado. El problema se suscitó cuando estaban todos reunidos alrededor del féretro y desde dentro se escuchó la llamada de un teléfono celular. Los familiares corrieron detrás del sepulturero y lo obligaron a abrir la urna y vaciar los bolsillos del difunto.
Los parientes además se dirigieron a la policía y denunciaron a la empresa de servicios fúnebres alegando que quienes estuvieron encargados de Marchal no prepararon el cuerpo correctamente. Los culpan del siniestro episodio que los dolientes debieron soportar por culpa de un teléfono olvidado. |