"Al principio creí que era una cáscara de tomate, pero cuando lo saqué de la salsa supe lo que era". Según su opinión, se trataba de un preservativo sabor frutilla. Si bien nadie se había atrevido a preguntarle a Emily cómo supo que el profiláctico era saborizado ella arrojó luz sobre ese asunto. "Todo el mundo pudo ver que se trataba de un condón. Se podía oler la frutilla mientras lo levanté con el tenedor", dijo.
Emily, quien vive en la zona de Cardiff, Reino Unido, declaró además que se trata de "un asunto serio". Según su opinión, un niño al que se le hubiera dado ese alimento se podría haber ahogado. "Me gustaba esa comida, pero no la volveré a comer nunca. La abandoné de por vida."
La firma Tesco, que fue la que le vendió el "pollito al condón" a la familia Lewis-Shepherd, declaró que se encuentra investigando la procedencia del cuerpo extraño. Russell Craig, vocero de la empresa aseguró que le realizarán tests a dicho elemento para establecer quién es el responsable de su aparición gastronómica.
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