¿Cómo lo hizo? Bueno, sacó la siguiente conclusión: si la humedad, el encierro y las superficies sospechosas son los culpables de los hongos en los pies, la forma de convocarlos son bolsas de nylon en vez de medias. No contento con esto, se quitó las bolsas solamente para caminar descalzo por los baños de los gimnasios y las letrinas de mala muerte.
El primer día puede apreciarse en la foto que sus pies estaban perfectos. Las imágenes del segundo día lo muestran caminando descalzo en baños públicos. El quinto día sus pies empiezan a verse bastante mal, y Christian introduce en el sitio una novedad: un cuadro comparativo de "picazón", "olor" y "dolor" que pasa por los valores "ninguno", "displacentero", "malo", "muy malo", "horror" y "llamen a la policía" hasta llegar a "nivel de extinción". Ese día la picazón y el olor llegaban hasta "muy malo". A la segunda semana el proyecto deja de ser gracioso: sus pies dan asco. Él mismo debe emplear gruesos guantes quirúrgicos para tocar sus pies sin extender la infección a otras áreas del cuerpo. Los días siguientes no hacen más que empeorar su estado con la aparición de costras, grietas, hinchazones y colores violáceos. El gráfico de dolor, olor y picazón, sobrepasa el nivel del "horror". Cuando finalmente se decide a curar sus pies, uno agradece que todavía conserven todos los dedos. Al terminar de recorrer la aventura de Christian, uno comprende que que su patología va de los pies a la cabeza. Eso sí, es irresistible las ganas que le vienen a uno de lavarse las patas. |