Elegir cuál va a ser el producto de moda para venderles a los turistas en Transilvania no puede ser muy difícil. Basta que incluya colmillos, sangre, vampiros, capas o cualquier cosa que evoque al Conde Drácula, inspiración del novelista Bram Stoker y de cientos de hacedores de películas de variada calidad.
Constantin Talpau pinta más que nada con sangre de oveja. A veces, el lienzo es el mismo cuero del desdichado animal. Pero la cosa no queda ahí. Talpau tiene experiencia pintando con sangre humana. De hecho en 1998 alentó a la selección rumana con una inmensa bandera pintada con sus propios leucocitos y hematíes. Ahora, para la prosperidad de su negocio -y seguramente para abaratar los costos de producción- planea que un médico le extraiga toda la sangre que sea posible para poder pintar retratos de turistas.
La bandera que pintó con su sangre en la última edición mundialista decía "El fútbol es mi vida".
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