La demostración pública de estos abogados panameños se llevó a cabo en un motel con la colaboración de varias cervezas y aguardientes. "El punto era probar que los medidores de alcoholemia anteriores a 1990 no funcionan correctamente" explicó el abogado Hoot Crawford mientras abrazaba al barman y le decía "sabés cómo te quiero, hermano".
En el límite de lo guarango, el Dr. Ben Bollinger sostuvo que "erutar antes de soplar en el medidor de aliento produce una lectura más elevada de la real, mientras que una exhalación muy prolongada dentro del aparato de un resultado más bajo".
Para los abogados, cuando alguien considere que el resultado de la prueba de alcoholemia es incorrecto debe exigir un examen de sangre inmediato. En Panamá el conductor que se niega a tomar el test de alcoholemia pierde de inmediato su licencia.
Un dato para tener en cuenta: los abogados designaron a conductores sobrios para que los llevaran a sus hogares después de realizar la prueba.
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